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Con la bahía por delante
Bahía de Banderas es una de las bahías más grandes de América y se navega todo el año. Condominios frente a los yates, campos de golf con el Pacífico de fondo, y salidas a mar abierto que en temporada terminan con ballenas jorobadas a la vista.
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Casas y villas elegidas para este viaje.
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Experiencias que acompañan bien a este viaje.
Cada invierno, las jorobadas recorren miles de kilómetros para parir en las aguas cálidas y protegidas de Bahía de Banderas. Una mañana en lancha con un guía marino que lee el comportamiento del animal en vez de perseguirlo: se guarda la distancia y la bahía hace el resto.
Un parque nacional protegido de islotes volcánicos donde anida el bobo de patas azules y el agua se vuelve de un azul improbable. El acceso está limitado por la autoridad del parque, así que el día se arma alrededor del permiso — que es justo lo que ha mantenido el lugar digno de visitarse.
Arcos de granito que emergen del agua a pocos minutos al sur de la ciudad, con una pared que se hunde hacia el azul profundo. Es lo más parecido que tiene Vallarta a un acuario en el que puedes nadar, y funciona igual de bien para quien se estrena que para quien lleva cien inmersiones encima.
Yelapa, Quimixto, Las Ánimas: una hilera de caletas en la costa sur a las que no llega ninguna carretera. Con embarcación privada el ritmo lo pones tú — una comida larga en la arena, una caminata a una cascada, o simplemente fondear en algún lugar tranquilo hasta que se vaya la luz.
Bahía de Banderas cae a más de medio kilómetro de profundidad a la vista de la costa, y por eso el pez vela, el marlín y el dorado son una salida de la mañana y no una expedición. Los capitanes trabajan la temporada, no el reloj.
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