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Para dos, y que el resto espere
La ladera sur de Vallarta cae al mar en terrazas, y ahí es donde se esconden las casas que nadie ve desde la calle: acceso privado, alberca sobre la bahía, y el ruido del pueblo a diez minutos pero sin oírlo. Días largos, cenas sin reloj, y el atardecer siempre de frente.
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Casas y villas elegidas para este viaje.
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Experiencias que acompañan bien a este viaje.
Yelapa, Quimixto, Las Ánimas: una hilera de caletas en la costa sur a las que no llega ninguna carretera. Con embarcación privada el ritmo lo pones tú — una comida larga en la arena, una caminata a una cascada, o simplemente fondear en algún lugar tranquilo hasta que se vaya la luz.
Un día construido alrededor de hacer muy poco: tratamientos que retoman tradiciones mexicanas, un temazcal si lo quieres, y suficiente tiempo sin agenda entre uno y otro como para que de verdad se note la diferencia.
La tortuga golfina anida en esta costa del verano al otoño, y los campamentos protegidos recogen los nidos antes de que lleguen la marea y los perros. Liberar crías al atardecer es algo breve y callado que los niños recuerdan durante años.
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